28 de septiembre: del laboratorio al campo, en el Día del Microbiólogo

27 septiembre 2020

La agricultura debe satisfacer no sólo las necesidades de generaciones presentes, sino también de futuras, garantizando la rentabilidad pero cuidando recursos preciados como el suelo y el agua.



   Durante mucho tiempo, el modelo de gestión de los sistemas agrícolas buscó la máxima eficiencia, pero dejó de lado una cuestión fundamental: pensar que la agricultura debe satisfacer no sólo las necesidades de las generaciones presentes, sino también de las futuras, garantizando la rentabilidad pero cuidando al mismo tiempo recursos tan preciados como el suelo y el agua.

   La ciencia y la tecnología están asociadas con esta visión a futuro, pero pocos años atrás al hablar del laboratorio y el campo, parecía que nombrábamos dos términos incompatibles.

   Desde mi experiencia como microbiólogo, puedo contarles que, cuando decía que trabajo desde el laboratorio para mejorar el rinde, me creían loco. Hoy, se sabe que la investigación y el desarrollo de insumos biológicos  aseguran un bajo impacto ambiental, la inocuidad de los alimentos y la seguridad para los trabajadores. Pero, además, estos micro y macroorganismos benéficos incrementan entre un 15 y 20 % el rendimiento en los cultivos extensivos, potenciando la calidad de las semillas y brindando el control ante pat&oac ute;genos.

   Tan impresionante ha sido el desarrollo de estas nuevas tecnologías en el país, que Argentina se ha convertido un referente mundial en materia de bioinsumos. Exportamos a todo el mundo estos productos biológicos que tienen su origen en el laboratorio pero son completamente naturales, no son tóxicos  y, en algunos casos, están certificados como aptos para la producción orgánica.

   Así, desde el laboratorio nos dedicamos a la búsqueda de cepas de microorganismos de interés agronómico, o productos de su metabolismo, que promueven o mejoran el crecimiento de los cultivos y/o se comportan como agentes de biocontrol de patógenos, tanto a nivel de rizósfera como en área foliar.

El seguimiento del estado de los productos es de vital importancia para lograr que el productor reciba un insumo de máxima calidad y se logre un mayor rinde.

   Otro efecto positivo es que al incorporar este tipo de productos se puede restituir una cantidad de microorganismos naturales del suelo, promoviendo una mejora en la estructura del suelo, tanto física, química como biológica.

   El cambio en nuestra manera de producir ya está en marcha. La investigación y el desarrollo científico-tecnológico pueden aportar soluciones para que este paso hacia la agricultura sostenible se convierta en realidad.

Fuente:  Rodrigo Asili, microbiólogo, jefe de Laboratorio de Síntesis Biológica.